Revalorizando nuestra historia: Nico Pérez-José Batlle y Ordóñez. Un pueblo que valora su pasado y espera con esperanza el porvenir. 1883-25 de JUNIO-2017 134 años de la fundación de nuestro pueblo.

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Desde lejos, en la quietud de la tarde, oíamos los pelotazos contra el frontón de la cancha de pelota de mano, del “18”. (Club social y deportivo).

Y entreverado, algún que otro grito de los contendientes.

Y como no era preciso que fuera un domingo, (domingo que generalmente se dedicaba al fútbol), este deporte tenía la particularidad de que podía  practicarse cualquier día de la semana y a cualquier hora.

No recuerdo que, como ahora suele suceder, hubiera que pedir hora ni arrendar la cancha.

Así fuera para disputar, desde un partidito, hasta un mano a mano, (pesito de por medio incluso) si mediaba un desafío entre los que se tenían fe, para ganar en este deporte.

Que dicho sea de paso había muchos aspirantes.

Y esos pelotazos contra el frontón, era un “llamador” para los que andábamos al “cuete”, como solía decirse.

Intuíamos, por los gritos de contendientes y mirones, que el partido estaba “buenazo”.

Y como el pueblo es chico y nada queda lejos, enseguida arrancábamos para allá.

Es que los hermanos “fulano”, buenos en el asunto del peloteo contra el paredón, disputaban un partido encarnizado,  contra los “mengano”, que tampoco se quedaban atrás.

Para peor no se les ocurrió mejor idea que jugarlo a “esa hora”.

Y esa hora era poco después de la siesta.

Pleno verano.

Es que muchas veces se planteaba el desafío de improviso.

O se pactaba de antemano, para después de la siesta.

No antes, y menos aún durante. Tenía que ser después.

No se la razón, pero esas cosas entre esos personajes de Nico-Batlle era frecuente y no se necesitaba buscarle los por qué. Era porque sí nomás.

Por eso ese día, el  partido (o cotejo si le gusta) se jugó  después de siesta, a pleno sol en la cancha del“18”. Era verano de calores bravos.

A esa hora el piso de la cancha hervía.

Pero los “fulano” parecían no sentir que le quemaban las “patas”. ¡Jugaban descalzos! En tanto los “mengano”, con su orgullo a cuesta, y tenacidad que los solía caracterizar, no aflojaban ni tantito. No jugaban descalzos pero sí casi.

Corrían la cancha, escasísimos de alpargatas,.tratando de lograr el tanto que les diera la ventaja.

Usaban las clásicas alpargatas “rueda”, pero sin posibilidad de recambio, de tanto kilometraje a pie.

Alpargatas desflecadas, por cuya parte delantera asomaba el dedo gordo del pie apuntando su uña encarnada al cielo.

Era todo un espectáculo ver al otro mengano recular en chancleta, tratando de alcanzar el  difícil y largo pelotazo que fulano muy cerca del frontón sacó con potencia inusitada hacia atrás, al fondo del rectángulo que conformaba la cancha.

Mientras, nosotros los mirones, buscando la única sombra que la alta pared de la parroquia nos brindaba, tratábamos de no perdernos detalles de tan reñida batalla.

Sudábamos el partido más que los propios protagonistas, a los que sin dudas el abrasador sol de esa hora, debió cocinarle los sesos. Sin dudas, ya licuados a esa hora, porque no aflojaban ni fulano ni mengano. Entre gritos y quejidos peleaban cada tanto en disputa.

¡Lindazo el partido! ¡Está buenazo!, nos decíamos.

Y…en ese preciso momento, pasó.

En los descuentos como solía decirse.

Resultó que fulano, vio venir hacia él,  la pelota que el frontón le sirvió como en bandeja para ganar el partido. La vio venir y calculó. Calculó velocidad y distancia, despeinado y sudoroso, calculó.

La pareja de mengano se encontraba desde la línea  central de la cancha, hacia atrás. Como les decía,  Fulano muy cerca de la pared derecha la vio venir (a la pelota). Recibió la pelota mansita…apronto su derecha…echó su brazo hacia atrás y golpeó con todas sus fuerzas, dándole el efecto perfecto para que se pegara contra la pared lateral y  llegara a la ochava de tal forma que se pegó a la pared del frontón como ninguna.

Era el tanto perfecto. El de la victoria. El grito de triunfo le subió desde sus encallecidos talones hasta su reseca garganta, y le salió seco y callado.

De lo que no se dio cuenta fue del contragolpe letal de mengano. Si era un deleite ver a mengano recular en chancleta, figúrese lo que fue verlo lanzado hacia delante, con chancleta a favor.

Una sombra a plena luz del día literalmente hablando, dejando atrás un desacompasado ruido a talones.

Repito, la pelota recorrió de derecha a izquierda la pared frontal, bien pegadita.

El chancletudo mengano tenía fama de bueno.

En su violenta carrera para evitar el tanto, pareció estirarse como el hombre de goma. Brazo, mano y paleta eran una pura y única extensión de su cuerpo.

Y calculó que llegaba… si la vista no lo engañaba…llegaba

Por eso se estiró…se estiroooo  todo lo que pudo y….!! siii !!! ¡ llegó ! Paleta, pelota y un ¡toc! que nadie oyó.

A duras penas la pelota acarició el frontón y cayó ahí, rendida a sus pies, mansita, como fundida al ardiente piso.Inalcanzable para los fulano.

Y el grito de victoria de Mengano lo escuchó el aún adormilado pueblo. Clarito se oyó, ante el silencio de los asombrados presentes.

Con todas sus fuerzas gritó: “¡¡¡válgame la vista y la agilidá!!!”

Y he aquí lo curioso: Ese hombre… “mengano”… ¡era rengo!… y además de rengo… ¡tuerto!

Mario Soria 

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Comentarios en: "El “18” y su frontón (recuerdos imborrables) una lección de vida" (4)

  1. no se olviden de un señor que por las noches de invierno salia a vender mani ,creo que le decian el chicharra , todo un personaje ok

  2. Teresita Cerna dijo:

    Generalmente se jugaba a la hora del recreo. Desde el patio de la Escuela 4, escuché el sonido de la pelota y vi el espectáculo, mientras vigilaba los juegos de los niños.

  3. federico decaux dijo:

    jaja, notable el relato del partido, pd. se acuerdan de los fosforos victoria? que al rasparlos contra lo que fuera se prendian, pues bien, mas de una vez tirabamos dichos fosforos dentro de la cancha y como la mayoria jugaban descalzos se les prendian fuego los pies, jaja, era la epoca del rana viejo, del tartago, del cacho esnal, de ignacio, y de todos los grandes pelotaris y maestros que tuvo el 18, que seguiran vigentes en nuestra memoria como lo sigue el querido 18.

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